Comunicado : El poder patriotero

A los 9 días del mes de julio de 2019, en plena vigencia formal del sistema democrático, Bahía Blanca padeció un caso de detención ilegal, apremios, tortura y abuso sexual. A escasos metros del acto oficial dispuesto por la intendencia con motivo de celebrar la fecha patria, sin constar delito alguno, detuvieron a un menor y a otro estudiante. Los jóvenes tuvieron la valentía de declarar lo ocurrido sin rodeos: los golpearon, abusaron y sometieron a vejámenes, les dijeron “zurditos” y “putitos”. En su mayoría se trató de policía de civil que había comenzado a hostigar estudiantes antes de llegar al lugar del hecho.

El Concejo Deliberante no se expidió institucionalmente al respecto durante su última sesión ordinaria. El secretario de Seguridad, Emiliano Álvarez Porte, quien está al frente de la Unión Cívica Radical, partido que se jacta de su relevancia en el marco de la vida democrática, no dijo una palabra. No es posible tolerar que el sistema democrático institucional en nuestra ciudad avale de hecho lo ocurrido a través de su silencio. Estos hechos deben ser denunciados, de otra forma, los militantes del terror van corriendo la vara de lo natural, y la sociedad va aceptando como normales hechos aberrantes.

Todo esto tiene un contexto. Ya en el 25 de mayo de 2016, el intendente Héctor Gay hizo un viaje en el tiempo para reactualizar la doctrina del enemigo interno cuando afirmó que “ayer y ahora hay enemigos importantes, de adentro y de afuera, los que responden a intereses personales y también los que integran grupos perfectamente organizados que no tienen patria ni bandera pero que sí quieren subvertir valores y adueñarse fundamentalmente de nuestros ideales y de nuestra juventud. Por eso digo no son tiempos fácil pero tampoco son tiempos para tibios”.

En el mismo sentido, el 9 de julio pasado, mientras policías de civil interpretaban el mensaje eligiendo como enemigos a un grupo de estudiantes que reclamaban por el cumplimiento de una ley de boleto educativo, Héctor Gay se jactaba de haber “recuperado” el desfile y consideró que “es muy bueno que estemos aquí convocados por un desfile cívico militar que nos une como sociedad y que apunta a fortalecer el acercamiento de todos los sectores de la comunidad, factor imprescindible para construir el país que todos queremos”.

Considerar que lo ocurrido tiene que ver con excesos policiales es un error de interpretación política: hay una habilitación del poder político local, en alianza con los grupos empresarios “perfectamente organizados” para avanzar a como dé lugar en la consolidación de un modelo social y cultural con valores patrioteros, basados en la meritocracia y el señalamiento acusatorio contra todas las voces que sostenemos que no hay espacio para una sociedad democrática en tanto la exclusión social sea la marca de nacimiento del modelo de “progreso” impuesto para nuestra región del que solo se benefician unos pocos a costa de la destrucción ambiental, el hambre, la marginación y la falta de perspectiva de futuro para cientos de miles.

Lo que ocurrió el martes es de una enorme gravedad. Más grave aún es que muchas fuerzas políticas abonen a su naturalización.

Sin embargo, estos intentos de dominar a la sociedad a través del miedo no son nuevos. Queremos señalar con claridad que sí existen enemigos del pueblo y son aquellos sectores empresariales que se enriquecen a través de los peores negocios como la trata y el narcotráfico legitimados por el sector financiero. Esos sectores tienen además la cara de piedra para señalar a quienes luchamos como el factor que impide la felicidad de nuestro pueblo. Son ustedes, clases dominantes, quienes impiden a miles de ciudadanos y ciudadanas bahienses una vida digna. Podrán hacer todos los esfuerzos necesarios para intentar generar consensos sociales; podrán disponer de medios de comunicación; podrán disponer de lobbistas importantes; podrán contar con el poder político, legislativo y judicial: pero no podrán contra la conciencia de nuestro pueblo que ha sostenido la dignidad humana a pesar suyo.

En este sentido, consideramos que el campo popular se debe agudas reflexiones acerca de sus herramientas de lucha. Señalamos que la liberación de los jóvenes durante la noche del mismo día del arresto se debió sin dudas a la movilización popular y a la acción conjunta de las organizaciones que de inmediato pusieron todas sus herramientas a servicio de denunciar lo ocurrido y advertir al poder judicial que no podía avalar lo que estaba ocurriendo.

Pero también consideramos que es preciso construir una verdadera herramienta de poder popular que no dependa de los acuerdos de la superestructura y que nos permita discutir un modelo social, político y cultural que no teja remiendos de las ruinas del fracasado “progreso” vigente, cuyos resultados están a la vista en los índices económicos locales.

Para salir de este pantano es necesario asumir todas las derrotas históricas que debamos asumir y ser capaces de darle una perspectiva política verdaderamente alternativa a nuestro pueblo. Esa tarea pendiente, depende del conjunto de nuestras fuerzas, nuestras inteligencias y nuestras sensibilidades.

 

 

 

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