Documento a 46 años del asesinato de Watu

Hoy 3 de abril, a 46 años de su asesinato y como lo venimos haciendo cada
año, estamos recordando a Watu. Esta vez en forma virtual, faltando solo
cinco días para que la fiscalía termine su alegato y se soliciten las penas al
tribunal, en el marco del juicio por los 24 asesinatos de la triple A.
El histórico Juicio a esta banda asesina tan largamente esperado, se ha
concretado.


Queremos recordar que cada año, desde hace mucho tiempo, hemos
declarado en fiscalía, ampliando las denuncias una y otra vez, sin abandonar la
lucha por llevar a los asesinos a juicio y, finalmente, lo conseguimos. El campo
popular -en distintas versiones-, con más de 100 testimonios, lo hizo posible.
Tenemos que destacar el inmenso trabajo y la actitud valiente de la fiscalía que
consiguió pacientemente las pruebas y elevó la causa a juicio.

Este juicio a la Triple A al que catalogamos como histórico, tiene muchas
aristas. Primero: no estaban todos los ejecutores del terror. A la mayoría les
alcanzó la muerte, sin que pudiéramos sentarlos en el banquillo de los
acusados. Pero eso no impidió que los testigos recordaran sus
responsabilidades. Las de Ponce, Tetu, Diana Julio, Montezzanti, las del
conjunto de la dirigencia política y sindical que acompañó a la Triple A, la que
la negó contra toda evidencia o la que decidió mirar para otro lado. Por eso
nosotros y nosotras afirmamos y creemos que estamos en lo cierto cuando
decimos: TODOS/AS SABIAN, TODOS/AS LOS VIERON.


Un sector del peronismo, que sí se presentó a declarar, lo hizo cuidándose de
reprimendas. Muchas verdades a medias, amnesia en algunos casos, otras
declaraciones con brillantes exposiciones sobre el contexto histórico que
seguramente el tribunal sabrá apreciar, pero sin aportes concretos en cuanto a
los imputados. Sí con referencia a Ponce, Tetu, Argibay, padre e hijo Sañudo y
otros. Pero a los imputados pareciera que nunca los vieron. Es extraño esto.
Solo algunos y algunas no se escondieron, no formaron parte de quienes
bancaron a la Triple A y fueron testimonios que aportaron a la causa y al
esclarecimiento de los hechos.


Otros testimonios intentaron presentar un rostro humano de los asesinos
Curzio, Pallero, Forceli y Aceituno. Pareciera que no alcanzó con ocultar por
casi 48 años la existencia de la Triple A, que no fue suficiente el abandono a
los compañeros y compañeras, convertirse por acción u omisión en cómplices.
Además, tenían que ir con el presidente y el vicepresidente del PJ bahiense a
mentir descaradamente para intentar un rostro humano que no existe: son
asesinos. Sobre esto hay que decir que hubo algunas reacciones, algunos
enojos de sus pares, pero en general, el PJ acompañó esta burla a la memoria
colectiva de las víctimas. Claro que uno se pregunta qué es lo que podíamos
esperar. Pero no por previsible es menos repudiable esta actitud que los coloca
junto a los delincuentes.


Lo más importante fue el aporte de casi 100 compañeros y compañeras que
denunciaron no solo el contexto histórico, no solo a Ponce, a Tetu, a Diana
Julio, a Montezanti y a otros, sino que le dijeron al tribunal que a esos hombres
que están acusados los vieron en los autos de la CGT, del Rectorado,
patrullando las calles, el barrio estudiantil, las obras, las fábricas, los barrios y
sobre todo los responsabilizaron de la muerte de los y las militantes.

En el juicio oral quedó claro el grado de responsabilidad del último gobierno del
General Juan Perón. Para nosotros y nosotras, la presentación del documento
reservado del 1 de octubre de 1973, con la presencia de todos los
gobernadores y vice gobernadores, senadores, diputados y autoridades
partidarias, es el acta fundacional de la Triple A. Es el documento que le da
sustento filosófico, ideológico y político a la persecución, caza y muerte de
quienes se oponían al gobierno peronista, actuando contra marxistas, a
quienes acusaron de infiltrados, y también actuando contra su propia fuerza de
base que creía genuinamente en la transformación social y en la clase
trabajadora como fundamento de un mundo mejor. Lo dijimos en otras
ocasiones y lo reafirmamos en este 46 aniversario del asesinato de David.


Nos quedan varios desafíos para los próximos años. Primero, seguir
denunciado a la Triple A, más allá de la condena que aplique el tribunal. Nos
referimos a la denuncia política, a la denuncia pública. ¿Cuántos jóvenes, en
los últimos años de secundario, de terciario o de nivel universitario
abandonaron por miedo sus sueños de estudiar? ¿Cuántos tuvieron que
abandonar sus lugares y someterse al exilio interno, porque en sus lugares les
era imposible desarrollarse por la acción de la Triple A? ¿Cuántos dirigentes
políticos, sindicalistas, artistas, intelectuales marcharon al exilio? Tal vez,
nunca lo sabremos con exactitud.


Otra tarea imprescindible, es sacar a la superficie los 2000 asesinatos políticos
cometidos por la Triple A, que son, a nuestro juicio, los asesinatos políticos
más incómodos para denunciar para el campo popular, porque los cometió un
gobierno elegido por las mayorías, que albergó sueños y esperanzas de un
amplio sector de la población, finalmente frustradas. Pero no puede haber
impedimento para discutir y responsabilizar a los ideólogos y a su mano de
obra.


LOS CRÍMENES DE LA TRIPLE A SON DELITOS DE LESA HUMANIDAD.


Quedó claro también, en el transcurso de este juicio, que los casi 3000
atentados con bombas a locales partidarios, casas particulares de sindicalistas
y políticos, cines, teatros, peñas, bibliotecas, las amenazas y los asesinatos
constituyeron terrorismo de estado, antesala de la noche más terrible que
comenzaría el 24 de marzo con la dictadura cívico-militar-eclesiástica.


ESTA ES UNA TAREA IRRENUNCIABLE PARA LOS PRÓXIMOS AÑOS, SE
LO DEBEMOS A LAS COMPAÑERAS Y LOS COMPAÑEROS Y A LA
MEMORIA COLECTIVA.


La otra gran batalla en tiempos venideros, será cómo vamos a enfrentar a la
nueva derecha que se expresa en Europa, en América Latina y también en la
Argentina.


Esta derecha más agresiva, más criminal, más racista, más patriarcal, más anti
derechos, no es la derecha que conocimos; aquella que se reunía en las
direcciones de La Nación, de Clarín o de La Nueva Provincia, y le susurraban
al oído a los generales golpistas la necesidad de salvar a la Patria, que no era
para ellos ni más ni menos que sus propios intereses. Esta es una derecha
que, como se puede ver en otros lados, tiene arraigo importante en sectores
juveniles, clase media venida a menos, desocupados y mujeres y hombres
hartos de la politiquería. Es una derecha que no tiene empacho en impulsar
una sociedad corrompida y amenazada por los peores negocios del capitalismo
actual: el narcotráfico y la trata.


Puede haber muchas razones para la aparición de esta derecha, pero para
nosotros y nosotras hay dos principales: el fracaso estrepitoso de los gobiernos
reformistas, social demócratas o progresistas, que no dan respuesta en la vida
concreta del pueblo desde hace mucho tiempo, y que abandonaron la idea del
Estado de Bienestar, para alinearse a las políticas de la troika, del FMI, del BM,
llenando de frustración a las mayorías populares.


La otra razón, y de esto nos tenemos que hacer cargo, es la falta de un
proyecto de izquierda serio, con vocación de poder, sin sectarismos, que
devuelva a las mayorías populares la esperanza en que se puede cambiar
realmente, que otra sociedad –aquella por la que lucharon Watu y sus
compañeres- se puede lograr.


Esto requiere de esfuerzo, de trabajo sistemático, de abandonar la idea de auto
referenciación -inútil y dañina-, para construir unidad con quienes piensan con
matices, vienen de diferentes tradiciones y ejercen distintas prácticas políticas,
pero quieren lo mismo: un cambio real, concreto, en el que la justicia social no
sea un eslogan sino el objetivo del trabajo político de todos los días. Sin esto,
sin proyecto de izquierda, será imposible evitar que el post fascismo avance.

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